Nayar Araiza López

Docente Universitario y Columnista de Prensa

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La tumba número 18

Relatos y Leyendas de Nayarit

Por Hugo César Delgado Ayala

La tumba número 18

Hace como diez años, en mi pueblo, uno de tantos de nuestro hermoso Nayarit, cuyo nombre prefiero omitir, estaba muy escaso el trabajo y pues yo ya estaba desesperado porque tenía 5 bocas que alimentar. Fui y pregunté por el trabajo que nadie quería ocupar y para mi suerte estaba vacante: el de velador del panteón. Toda la gente me decía que no iba a aguantar, que para estar ahí debería tener muchos de aquellos; me contaron tantas cosas paranormales, que de alguna manera me burlé.

La verdad no era muy creyente de esas cosas inexplicables. Tomé ese trabajo a mediados de octubre; no niego que al principio fue difícil, pero no imposible, hasta ese momento no había ocurrido nada extraño, tan sólo ruidos que de alguna forma tenían explicación.

Pero en la noche del primero de noviembre, como a eso de las 9 o 10 de la noche, estaba conversando con unos sepultureros que estaban trabajando a deshoras porque tendríamos nuevo inquilino por la mañana.

Estábamos platicando cuando vimos entrar a una mujer de blanco, yo le veía como una sábana envuelta, mis amigos sepultureros se quedaron paralizados, pero yo sin temor alguno, o más bien negándome a creer que se trataba de algo paranormal le pregunté a la mujer:

-¿A dónde va? Ya es muy tarde-

Ella volteó y me contestó:

-Voy a arreglar una tumba para mañana, sí sabe que es día de muertos ¿Verdad?

Yo le contesté que sí, pero al voltear de nuevo ya no había nadie. Mis compañeros me decían que a aquella mujer no se le veían los pies; yo aun así decidí ir a buscarla, pero por supuesto no la encontré. Me fui al cuarto de vigilancia aun pensando qué había pasado.

Mi último rondín siempre lo doy entre cuatro o cinco de la mañana. Al llegar el momento de darlo, escuché cierta canción y fui en busca del lugar de donde provenía; al llegar ahí, me sorprendí al ver a la mujer que había entrado antes; me temblaron los pies, sentí un frío recorrer todo mi cuerpo y más cuando volteó y me dijo:

-Ya terminé de arreglar la tumba, ojalá y mañana recuerden que aún sigo aquí, me quedó muy chula ¿Verdad? Esta es mi tumba y cada año vengo a arreglarla-

No pude más y me eché a correr. Desde entonces, cada primero de noviembre por la noche veo pasar a aquella mujer. Ya le perdí el miedo, por lo que cuando eso pasa yo ya estoy preparado para seguirla con un arreglo floral y una oración para la tumba número 18.

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