Relatos y Leyendas de Nayarit

Por Hugo César Delgado Ayala
(Escritor y docente universitario en la UAN)
La entrada secreta del cerro de San Juan
Investigando un poco sobre las leyendas de nuestro Tepic y sus alrededores, y ya habiendo escrito sobre lugares emblemáticos como el cerro de San Juan, el panteón Hidalgo, el panteón Jardines de la Cruz, etc. me topé con esta historia que hasta hoy desconocía, también perteneciente a nuestro majestuoso cerro de San Juan.
Como cada tarde, don Abraham subía al cerro de San Juan montado en su caballo en búsqueda de pastura para el mismo caballo y un viejo burro que usaba en las labores del campo, teniendo sus terrenos en las orillas del viejo Tepic, cuyo cerro en mención quedaba en esos tiempos un poco alejado.
Eran tiempos de lluvia, por lo que aquel campesino se apresuraba a subir y bajaba con sus manojos de pastura, siendo un manjar para sus dos bestias. Era 24 de junio, por cierto, el mero día de San Juan, don Abraham ya había escuchado historias extrañas del cerro, pero sabía que eran parte de las leyendas que componen un pueblo, o al menos eso pensaba.
En automático, el caballo reconocía el camino que todas las tardes transitaban, pero aquella vez algo era diferente, había unas enormes paredes de piedra que don Abraham no reconocía, incluso el animal relinchaba un poco mientras pasaban por la zona. Don Abraham desmontó y comenzó a caminar dejando al caballo detrás de él, era la misma ruta de siempre, pero aquel paisaje era nuevo para ambos viajeros.

Al regresar por el caballo lo que vio lo dejó impactado, al parecer el animal se vio atraído por algo más allá de la pared de piedra, pero lo raro es que tenía medio cuerpo metido en aquella extraña pared. Don Abraham, asustado, jalaba la cola de su caballo lo más fuerte que podía, hasta que poco a poco el animal fue reculando hasta salir completamente de aquella extraña dimensión. Ambos asustados no quisieron averiguar más y se regresaron a casa, ya habría otro lugar para conseguir pastura al día siguiente.
Por curiosidad, don Abraham volvió al día siguiente y para su sorpresa, aquel enorme muro había desaparecido, el paisaje era el mismo de siempre, y aunque mantuvo la curiosidad sobre lo que hubiera encontrado si hubiera entrado en aquella dimensión, prefiere pensar que tomó la mejor decisión. Jamás supo si aquel muro apareció frente a alguien más y menos si alguien entró en aquella pared y regresó para contarlo.










