Relatos y Leyendas de Nayarit
El hombre tras la ventana
Autor: Hugo César Delgado Ayala
Cuando trabajaba como maestra en La Meseta de Juanacatlán, municipio de Jala Nayarit, tenía que trasladarme en camión hasta ese lugar, saliendo la corrida de Ixtlán el Río a las 6 e la mañana para llegar a su destino a las 6:50, aunque mi hora de entrada era a las 8:30.
Me bajaba del camión y caminaba hacia la escuela para meterme a mi salón de clases, pues el frío que hacía en esos días era intenso; solía poner una colchoneta y descansar un rato más, pues con el paso de los días, las madrugadas diarias me ocasionaban cada vez más sueño.
Una mañana como cualquier otra, abrí el salón, me recosté y me envolví en una cobija que cargaba en mi bolso todos los días; empezaba a quedarme dormida cuando sentí a alguien que se acostaba a mi lado; de inmediato traté de levantarme pero no podía. Cuando por fin pude levantarme, muy asustada revisé todo el salón y vi que en las ventanas traseras había un señor con cachucha observándome.
Le pregunté si se le ofrecía algo pero no me contestó, sólo estaba asomándose por la ventana tras el vidrio. Salí para hablar con él y cuando di vuelta al aula ya no estaba, lo busqué por toda la escuela, la cual no es muy grande, pero había desaparecido.
Pensé que quizá se había salido y fui al portón, pero recordé que yo misma le había puesto candado cuando entré, tampoco pudo haber saltado pues la barda es muy alta y tiene malla ciclónica.
En ese momento se me fue el aliento y supe que algo no estaba bien. Un poco después llego mi compañera de trabajo, quien es de esa comunidad; le comenté lo sucedido pero no me hizo mucho caso y no le dimos mayor importancia.
Pasaron los meses y terminó el ciclo escolar. Al siguiente ciclo, mi compañera tuvo incapacidad por embarazo, por lo que para cubrirla mandaron a otra compañera. Ambas nos veníamos en la corrida de la seis de la mañana y al llegar a la escuela nos íbamos a la dirección; ahí podíamos platicar y acomodar algunas cosas, además de mantenernos en calor.
Una mañana, después de llegar e instalarnos en la dirección, mi compañera comenzó a cabecear de sueño, yo veía que intentaba despertar, pero el sueño era muy pesado. Cuando despertó me dijo que entre sueños había sentido algo raro, como que la observaban; yo nunca le había comentado del señor que había visto, pero ahí me di cuenta que no sólo era yo la que sentía aquella sensación.
Como era aún temprano, intentamos nuevamente descansar; al cerrar los ojos, sorprendentemente miré a mi abuela que ya había fallecido y me decía que abriera los ojos, que no me durmiera, porque esa persona que yo veía y mi compañera sentía quería hacernos daño; de inmediato abrí los ojos y le hablé a mi compañera.
Al incorporarnos, ambas con cara de espanto vimos cómo nos observaba aquel hombre; vestía chamarra de mezclilla y gorra amarilla; macabramente traspasaba la pared de la dirección hacia el aula de al lado sin apartar su mirada de nosotras, quienes asustadas corrimos hacia la salida de la escuela a esperar a los demás compañeros.
Cabe mencionar que no terminé el ciclo escolar en esa escuela; a los días decidí cambiarme a la siguiente comunidad; tampoco sé quién era aquel espectro ni lo que quería, pero bastó la advertencia que mi abuelita me hiciera para irme y no regresar jamás.











