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Lo que les contaré parece más un cuento inventado por un gran escritor que una experiencia ocurrida a alguien que intenta no hacer caso de cosas paranormales.
Mi casa es de dos pisos, y mi cuarto está justo en el segundo piso, desde donde se ve prácticamente todo Tepic, además de las montañas que lo rodean. Frente a la ventana de mi cuarto hay un zanjón, obviamente baldío, rodeado con malla ciclónica. Una tarde, al asomarme, miré que por la parte de afuera de la malla del zanjón estaba parado un enorme perro, era un perro muy extraño, tan extraño que yo me le quedé viendo para hallarle forma, era demasiado grande y muy largo, sí parecía un perro, pero cada vez que lo miraba lo dudaba más, además, su piel completamente negra estaba pegada a sus huesos, no tenía músculos; lo más extraño fue cuando el supuesto perro se paró en dos patas, me froté los ojos, pero ahí seguía, la malla le daba más o menos al pecho.
De pronto, vi cómo aquella extraña criatura se impulsaba y saltaba la malla, levantando una gran cantidad de polvo del zanjón, ahí lo perdí de vista entre la nube de polvo; pero ahí no paró el asunto, de entre la polvareda vi cómo surgía la enorme criatura ya con unas enormes alas, como de murciélago, largas, negras; aquello era demasiado, sobre todo para mí que me resistía a creer en esas cosas.
En la parte de arriba del zanjón hay unas casas y una enorme y frondosa higuera, lugar hasta donde aquella criatura alada llegó a esconderse, si es que no era ya su hogar.
Aquello no sucedió de noche, como lo dije antes, era por la tarde, aún no oscurecía, eran como las 5 pm, yo sé lo que vi, aunque no sé si era en realidad un perro o un nahual, ahora evito asomarme por esa ventana, sobre todo si las sombras de la noche están próximas a aparecer.
Hugo César Delgado Ayala















