Plumazo
Por Nayar Araiza López
Reducir el calendario escolar habría sido un acto de justicia para docentes agotados por tareas administrativas sin sentido pedagógico
- Se requiere menos carga burocrática, un mayor salario y más dignidad para el magisterio
- El profesorado no solo enfrenta jornadas extensas frente al aula, sino también una pesada carga que consume tiempo valioso fuera de su horario laboral
- Reportes, plataformas, formatos y evidencias administrativas terminan realizándose en casa, sin remuneración alguna
Hubiera sido un verdadero incentivo y acto de justicia para el sector magisterial de todos los subsistemas educativos, el reducir, tal vez no un mes completo, como fue la fallida propuesta del Secretario de Educación Mario Delgado Carrillo, pero sí al menos recortar dos semanas del ciclo escolar, ya que efectivamente después de la entrega de calificaciones ya no hay nada más que hacer en las escuelas de todo el país. El titular de la SEP se equivocó al plantear que era por “el mundial”, le hubieran dado otro enfoque, uno laboral como de prestación “en especie” a los maestros y maestras.
Y es que los docentes mexicanos perciben los salarios más bajos de todo el mundo, en comparación con la relevancia social de su importante labor, situación que se agravó con el modelo neoliberal impuesto desde los tiempos de Felipe Calderón y que se recrudeció legalmente con Enrique Peña Nieto, ya que el Estado en lugar de aumentar el salario a los maestros y maestras, inventó actividades complementarias para acceder a recursos adicionales, como única alternativa para que puedan obtener un mayor ingreso.
Lo anterior ha derivado en que no pocos docentes se dediquen más a reunir “papeles” de “cursos” y demás, en lugar de dedicarse de “tiempo completo” a enseñar, situación que la llamada Cuarta Transformación no corrigió; por el contrario, terminó profundizando. Quedó en la mentira la promesa del exmandatario Andrés Manuel López Obrador, que los docentes ganarían parejo mínimo 16 mil pesos mensuales, que sigue siendo poco y que la actual Presidenta Claudia Sheibaun tampoco ha cumplido.

Incluso en este sentido, los subsistemas como COBAEN, CONALEP y Universidades Tecnológicas, con los contratos cuatrimestrales o semestrales, la violación a Le Ley Federal del Trabajo es permanente por el mismo gobierno, falta de prestaciones y total ausencia de certeza laboral son la constante. Ya no existen las “plazas” o “bases”, no les dan IMSS ni ningún tipo de incentivos como pago de vacaciones. El docente en estas condiciones vive con una total incertidumbre, hay quienes después de más de 20 años en estas condiciones, jamás tendrán una jubilación digna.
Hoy, el profesorado no solo enfrenta jornadas extensas frente al aula, sino también una pesada carga burocrática que consume tiempo valioso fuera de su horario laboral. Reportes, plataformas, formatos y evidencias administrativas terminan realizándose en casa, sin remuneración alguna y, en muchos casos, sin un verdadero propósito pedagógico. Pareciera que estas tareas únicamente sirven para justificar la existencia de funcionarios de escritorio en la SEP, más preocupados por inventar mecanismos de control que por fortalecer la educación.
La presión debería dirigirse hacia otro lado. Son el Gobierno Federal y los legisladores, diputados y senadores, quienes tendrían mediante leyes rigurosas exigir al sector empresarial mejores condiciones laborales para la clase trabajadora, tal como ocurre en países desarrollados, donde existen apoyos reales como guarderías financiadas por los empleadores, horarios más humanos y políticas integrales de bienestar social, para que las escuelas no se conviertan en “guarderías” o “centros de entretención” durante un mes.
En lugar de destinar recursos a programas asistencialistas de “regalar” dinero, que es igual que tirarlo a la “basura”, que poco contribuyen al desarrollo integral de las familias, el gobierno debería recuperar y fortalecer instituciones públicas que impulsen la cultura, el deporte y la convivencia comunitaria. Basta recordar las décadas de los setenta y ochenta, cuando los Centros de Seguridad Social del IMSS promovían la danza regional, el teatro, actividades artísticas y disciplinas deportivas que fortalecían el tejido social y ofrecían oportunidades de crecimiento para niñas, niños y jóvenes.
Porque educar no solo implica llenar formatos; significa formar ciudadanos. Y para ello también se necesita dignificar la vida de quienes enseñan. Por primera vez estoy de acuerdo con el titular de la SEP Mario Delgado cuando aseguró que después del 15 de junio de la entrega de calificaciones, la asistencia a las escuelas, ya no tienen un propósito pedagógico definido. Pero esto solo lo sabemos quienes hemos trabajado en las aulas. Por lo pronto se requiere menos carga burocrática, un mayor salario y más dignidad para el magisterio. Va.











