Plumazo

Por Nayar Araiza López

La FEUAN nuevamente al acecho de los “demonios”

• La renovación del Consejo General Universitario reaviva señalamientos sobre la intervención de actores ajenos a la UAN

En pleno proceso de renovación del Consejo General Universitario de la Universidad Autónoma de Nayarit, nuevamente los “demonios” están al acecho, esto porque los liderazgos juveniles son caldo de cultivo para intereses externos a la institución, de personajes que no quitan el dedo del renglón y se quedaron “arriba” cuando tuvieron poder de influencia, libertades para operar negocios y acceso a financiamiento en la época de los exrectores Juan López Salazar y Jorge Ignacio Peña González.

Sin duda, en cada proceso de renovación de consejeros estos facinerosos “asoman la cabeza” y venden a “grupos fácticos” la idea de controlar la universidad, porque imaginan que representa un importante caudal de votos. Es una tentación que siempre han tenido quienes aspiran al poder del Estado.

En este contexto aparecen el exlíder de la FEUAN, Ángel Aldrete Lamas, hoy militante y activista de Movimiento Ciudadano, y Manuel Alberto Mendoza Esparza, director del Instituto Nayarita de la Juventud (INJUVE), que con permiso o sin él del gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, ambos no han dejado de entrometerse corrompiendo a jóvenes estudiantes para servir a sus mezquinos intereses.

Su operador al interior es el “veterano” Wilber Cervantes Fernández, quien sigue empeñado en ser presidente de la FEUAN. Para ello, se reinscribe en licenciaturas sin terminarlas, con el fin de mantener la condición de estudiante. Hay que recalcar que ya ronda los 30 años de edad y ha hecho del activismo estudiantil su modus vivendi.

Estas operaciones, presentadas como una “lucha estudiantil por la democracia”, habrían recibido apoyo de Aldrete Lamas y Mendoza Esparza, que desde sus respectivas posiciones en Movimiento Ciudadano y el Instituto Nayarita de la Juventud, han visto en la universidad una “mina de oro” reflectores gratuitos, una cantera de cuadros y la oportunidad de construir estructuras políticas paralelas al margen del gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, por quien, al final del sexenio ya dejaron de apostar.

También resulta necesario aclarar la situación de las carpetas de investigación en las que se ha mencionado a Ángel Aldrete por presuntas irregularidades ocurridas cuando fungió como líder de la FEUAN, entre ellas la desaparición de bienes universitarios, como una camioneta propiedad de la institución. La fiscal Ludmila Heredia debería informar sobre el estado de esas investigaciones y despejar los rumores de una supuesta negociación para detenerlas a cambio de información y de influencia en el Consejo General Universitario mediante los comités estudiantiles.

El gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero no puede afirmar en su discurso que apoya a la UAN sin atender los señalamientos sobre una posible intervención política de personajes ligados a su administración, entre ellos el director del INJUVE.

También corresponde aclarar los rumores que corren como “reguero de pólvora” en los pasillos, de supuestos “acuerdos” con el mandatario para “controlar” la universidad, sobre el supuesto de que van “ganar” la FEUAN, a través de “ingenuos” líderes que engañan a través de “canonjías”, ya que con permiso o sin él, Mendoza Esparza utiliza recursos y programas estatales para operar de manera burda en la universidad.

Por su parte, a Wilber Cervantes Fernández, quien se siente protegido por su progenitor, que trabaja en la Fiscalía a quien apodan “el diablo”, también se le ha señalado por presuntos cobros a loncherías, solicitudes de “moches” a proveedores de material deportivo y la imposición de paquetes de fotografías y videograbaciones de graduaciones.

Estas son permanentes acusaciones que requieren pruebas e investigación, pues ninguna práctica de ese tipo debe tener espacio en la universidad, ya que fueron erradicadas en su totalidad durante este periodo rectoral, pero que estos “líderes” se resisten abandonar. Aldrete y Wilber con su “pandilla”, se quedaron sin esos ingresos y es otra razón de su desesperación por ganar “comités” estudiantiles, para lo que se valen de todo tipo de acciones porriles contra líderes que no se quieren someter a sus presiones.

En ese contexto, vale recordar el periodo en que Ángel Aldrete Lamas encabezó la FEUAN, ya que fue él quien heredó estas prácticas. El exdirigente, cercano entonces al exrector Juan López Salazar, pasó de ser un estudiante que trabajaba como taxista para sobrevivir a convertirse en expresidente de la Federación y empresario restaurantero, además de la cara afición a la “Charrería” con caballos “pura sangre”. Su trayectoria y los señalamientos sobre su patrimonio han sido motivo de cuestionamientos que, si tienen sustento, deben atender las instancias correspondientes.

Ya no son tiempos de que la Federación de Estudiantes de la UAN sea considerada un espacio de poder y un trampolín político para obtener regidurías, diputaciones o alcaldías. La pretensión de hablar en nombre de los estudiantes y ofrecer un supuesto “control” sobre ellos ha servido como pretexto para que grupos externos intenten intervenir en la universidad.

Quienes se presentan como “líderes juveniles” deben entender que la representación estudiantil exige compromiso con la UAN. La idea de ofrecer influencia política a personajes poderosos pertenece a una época cuyas prácticas no deberían tener cabida en la institución.

El objetivo de estas maniobras es influir en las elecciones estudiantiles del presente ciclo escolar y, desde esa representación, incidir en las decisiones del máximo órgano de gobierno universitario. La renovación de la dirigencia de la FEUAN coincide, además, con la cercanía de las elecciones constitucionales de 2027.

Aldrete y Wilber orbitan hoy alrededor de Movimiento Ciudadano, son “políticos” de ese partido metidos en la UAN y la tesis de que “controlan” el CGU a través de comités escolares, es más un mito conveniente que una realidad verificable: de su dicho a la verdad hay una distancia como de aquí a la luna. A quienes desde fuera alimentan la idea de que “impondrán” su voluntad mediante comités estudiantiles supuestamente controlados conviene recordarles un detalle: las fantasías no ganan mayorías.

El prestigio académico, la gestión y el cumplimiento de la normatividad pesan más que cualquier agitación coyuntural de “los demonios” que están al acecho de la FEUAN. La comunidad universitaria merece una representación estudiantil libre de presiones externas y que responda a sus propios intereses. Va.

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