Comentarios de la Bahía
Por Nayar Araiza López
Opinar a lo “pendejo”
- ¿Izquierda, derecha o puro ruido?
- Historia, economía y otras cosas que no caben en un meme
Antes de discutir sobre “izquierda”, “derecha” o “centro”, mínimo habría que tomarse una dosis básica de historia y pensamiento económico. Porque no basta con repetir etiquetas como estampitas, de un lado y del otro, incluyendo los adjetivos de “ultraderecha” o “ultraizquierda”, que abarcan desde el populismo hasta el Estado benefactor. Antes de “alegar”, ¿sabemos realmente qué significan? ¿De dónde vienen? Igual pasa con los conceptos de “capitalismo” y “socialismo”, modos de producción que no caben en un meme.
¿Igualmente sabemos qué es el liberalismo? Actualmente bautizado como “neoliberalismo”. Y ya ni se diga del keynesianismo, teoría económica propuesta por John Maynard Keynes; del marxismo, de Carlos Marx; o de Milton Friedman, exponente del neoliberalismo. También es necesario comprender a los clásicos Adam Smith y David Ricardo, que muchos citan sin haberlos leído ni en Wikipedia.
Cada una de estas corrientes ha dejado huella en la historia universal y, particularmente en México, han detonado crecimiento y crisis, bienestar y retroceso, avances sociales y desigualdades crónicas. Nada es absoluto, nada funciona por decreto ni por fe ideológica. Hay países que fracasaron copiando modelos y otros que triunfaron adaptándolos.
El problema en la discusión actual entre partidarios del gobierno federal y la oposición, entre lo que es “izquierda y derecha”, no es la teoría, ahí están los libros, los datos, los ejemplos históricos. El problema es la pereza intelectual que convierte debates en pleitos de cantina, en guerras absurdas y agresiones verbales en redes sociales.
México ha probado casi todas las recetas, populismo con sabor a caudillo; neoliberalismo con factura a la clase media y al FMI, porque los políticos se aprovecharon de sus bondades para enriquecerse y empobrecer al país; keynesianismo de emergencia, del que también la clase política se aprovechó, igualmente para enriquecerse y acabar con las empresas e inversiones del Estado. Se robaron todo y se pontificó la corrupción, además de un arraigado socialismo de discurso. Los resultados han sido mixtos, los beneficios parciales, las dificultades eternas y los retos siguen pendientes.
Lo que sí está claro es que opinar sin estudiar es la forma más barata de hacer política, simplemente ruido sin rigor. Es como discutir fútbol sin conocer las reglas, a puro grito y “cero gol”. Porque, por ejemplo, particularmente su servidor no puede opinar ni discutir sobre el soccer. A la fecha (y ya tengo 54 años), no le entiendo al “fuera de lugar”, al “tiro de esquina”, mucho menos al “saque de meta”.
Así que, antes de gritar “¡viva la izquierda!” o “¡muera la derecha!”, conviene estudiar tantito. Porque la ignorancia disfrazada de certeza no construye ciudadanía ni opinión pública, “nomás” hace ruido. Por lo que convendría leer un poco de historia universal y reflexionar qué funcionó y qué fracasó en otros países. Porque, si no, el debate se reduce a lo de siempre, a opinar a lo “pendejo”. Va.










