Comentarios de la Bahía
Por Nayar Araiza López
Ya es hora de que nuestros bien pagados regidores informen lo que han hecho
- El “saco”, a quien se lo ponga
- Los enojados con el presidente municipal con licencia, Héctor Santana, y con el actual suplente, Israel Santillán, son aquellos que están acostumbrados a los privilegios, “empicados” a realizar negocios al amparo del poder
- Los ediles también deberían estar sujetos a la normatividad laboral que marca la Ley Federal del Trabajo, al igual que cualquier trabajador, ya que es mucho el dinero que perciben y poca su productividad
- Desde el Congreso del Estado debe impulsarse una iniciativa para reducir el sobregirado salario de los regidores y para que sus apoyos extraordinarios sean distribuidos con base en una medición de su trabajo edilicio
- De los actuales regidores, hasta ahora “muy pocos” han demostrado capacidad y presentado propuestas que verdaderamente impacten en el trabajo del Cabildo
Para ser político se requiere preparación académica, capacidad de operación y oficio. Y es que tenemos regidores que carecen de todo, incluida la mínima inteligencia para comprender la complejidad social y su entorno, pues únicamente ven por sus intereses.
No pocos están enojados con el presidente municipal con licencia, Héctor Santana, a quien no dejan de “pegarle” y hacerle “guerritas”, tal como ahora la traen contra el alcalde suplente, Israel Santillán. Por ello, cometen reiterados exabruptos en las sesiones, que trasladan con actitud protagónica a las redes sociales, cuando todo lo pueden tratar en el Cabildo, tal como exigen prebendas y beneficios en privado. Esto último se les ha negado y es el punto de partida de su enojo.
Estos regidores son aquellos que están acostumbrados a los privilegios. Eso está visto y es la constante histórica, ya que algunos lo demostraron en el pasado, pues es la segunda vez que llegan al Cabildo; a otros más les pasaron la estafeta “parientes” directos en línea colateral y descendente, por lo que estaban “empicados” a realizar negocios al amparo del Ayuntamiento.
Esto incluye a algunos y algunas desleales, a quienes ya se les olvidó que ganaron por el arrastre de la marca de MORENA y de quien fuera su candidato, Héctor Santana, porque ellos, por sí solos, no ganarían ni como “jefes” de manzana. Fueron impuestos como candidatos por los acuerdos de las cúpulas de sus partidos. Esa es su realidad.
El asunto es que los ediles reciben un insultante salario por casi no hacer nada, porque los ciudadanos quisieran saber, cuál ha sido su productividad en el Cabildo a casi dos años de asumir su encargo, más allá de su “cacareada gestión” en “sus demarcaciones”, atendiendo asuntos que ni siquiera les corresponden, o de los “míseros” “apoyos” que dan a la gente y presumen como un “gran trabajo” en sus redes sociales.
Nuestros bien pagados regidores de Bahía de Banderas, como que ya es hora de que informen lo que han hecho en la revisión de la reglamentación, en su modificación o en la supresión de lo que sea obsoleto. Dicho sea de paso, hay mucho por hacer porque, a dos años de distancia, la mayoría no ha demostrado por qué ascendieron al Cabildo.
Repetimos: están obligados a informar, (cosa que no hacen) ya que su paga es “desproporcionada” en comparación con lo que gana cualquier trabajador o empleado del mismo Ayuntamiento. Ganan como gerentes de “grandes empresas”.
Pero, en lugar de hacer su “chamba”, algunos de estos regidores, hombres y mujeres, siguen inconformes, soñando con ascender y escalar posiciones de poder, alcanzar diputaciones o la misma Presidencia Municipal, pero por la vía de las intrigas y aprovechando las coyunturas.
Nuestros “bien pagados” regidores tienen una total falta de moral y principios, ya que, en su inmensa mayoría, no cumplen con el trabajo que les marca la Ley Municipal, que incluso pensamos que ni siquiera han leído ni estudiado.
Desafortunadamente para los ciudadanos, la historia se repite en cada periodo del Ayuntamiento, ya que la inconformidad de los regidores en este trienio comenzó incluso antes de su ascenso, cuando sus “jefes políticos de camarilla” les apostaron a otros proyectos. Sin embargo, en el cobro de facturas de la negociación con Morena, los impusieron en las candidaturas a las regidurías, cuando, en teoría, los regidores deben surgir de entre ciudadanos destacados y no de personajes que solo tienen lealtad a sus propios intereses.
La confrontación con Héctor Santana y ahora con Israel Santillán, así como con diversos directores de las dependencias municipales, se intensificó ante la negativa de concederles los privilegios del pasado a los que estaban acostumbrados. Ese fue el verdadero punto de quiebre, así digan otra cosa.
Se resistieron a renunciar a todas sus canonjías: carro, gasolina, acomodo de sus recomendados, asesores, pago de teléfono, que les autoricen una obra aquí y otra allá en sus demarcaciones, la “prontitud” en las “gestiones” de “trámites”, “licencias municipales”, autorizaciones, derechos y demás. Uno de ellos hasta “cobra” a través de su empresa de “gestoría”. Todo para quedar bien ellos en las colonias.
Los regidores actuales nunca han entendido que el tema de la “demarcación” es exclusivamente para efectos de la “elección”. Una vez “ungidos”, son el Cabildo de Bahía de Banderas; son el gobierno en su totalidad y para todo el municipio. Sin embargo, ellos piensan que únicamente representan a “su demarcación”, donde se sienten “presidentitos” y “presidentitas”.
Igualmente, “chantajean” con el “poder” de su voto para la aprobación de iniciativas que, en su inmensa mayoría, fueron presentadas por Héctor Santana y, hoy, por Israel Santillán. Muy pocos tienen verdadero trabajo edilicio. En sus “cabecitas” suponen que ellos son los que mandan.
Hasta en eso se equivocaron y malinterpretan la ley, pues es la figura del presidente municipal quien tiene el “mando”, en sus diferentes vertientes establecidas por el derecho administrativo, y quien ejerce el poder municipal, distribuye y aplica el presupuesto.
Pero los regidores se sienten superiores. Se imaginan verdaderamente que ellos y sus “jefes” políticos mandarían sobre el presidente Héctor Santana y que este haría lo que ellos dijeran porque, según su versión, hicieron “ganar el proyecto”, cuando fue totalmente al revés: se colgaron del arrastre de Morena y de su entonces candidato.
La principal función de los regidores es proponer y actualizar la normativa municipal, cosa que no hacen. A estas alturas se han limitado a “trabajar” para “su demarcación”, cuando esa figura es únicamente para efectos de la elección. Ya como integrantes del Cabildo, son parte del gobierno municipal y representan a la totalidad de Bahía de Banderas.
Cabe puntualizar y destacar que los regidores también deberían estar sujetos a la normatividad laboral que marca la Ley Federal del Trabajo, al igual que cualquier trabajador, ya que es mucho el dinero que perciben y poca o nula su productividad.
Por lo tanto, ya es tiempo de que, desde el Congreso del Estado, se impulse una iniciativa para reducir el sobregirado salario de los regidores y para que sus apoyos extraordinarios sean distribuidos con base en una medición de su trabajo edilicio. Hay que recordarles que la política de la 4T es la austeridad republicana, la transparencia y la rendición de cuentas, pero esto se les olvidó desde el primer día.
Deben acudir a laborar diariamente, por lo menos ocho horas al día, porque apenas están presentes dos o tres veces por mes en el Ayuntamiento en las sesiones convocadas, cuando deberían asistir todos los días, como cualquier servidor público. Para eso les pagan cerca de cien mil pesos mensuales, si no es que más, con sus “prebendas”.
Me pregunto: ¿cuántas cosas no se podrían hacer en beneficio social con ese dinero que les pagan y que ellos no compensan con su trabajo? Porque, de los actuales regidores, hasta ahora “muy pocos” han demostrado capacidad y presentado propuestas que verdaderamente impacten en el trabajo del Cabildo.
Pero, mientras ellos siguen peleando e intrigando contra Héctor Santana e Israel Santillán, el Gobierno Municipal funciona normalmente. Tanto la obra pública como la recaudación han alcanzado cifras millonarias históricas y han roto récords porcentuales en comparación con periodos anteriores.
En Bahía de Banderas, el Cabildo de la autodenominada Cuarta Transformación parece más un club de peticionarios VIP que un órgano de representación ciudadana. Salvo honrosas excepciones, regidores y regidoras se han especializado en el arte de pedir y pedir: dinero, canonjías, favores y gestiones. Todo, menos trabajar.
La transformación prometida en el Cabildo de Bahía de Banderas se quedó en un “discurso”. Lo que hay es simulación, clientelismo y una preocupante comodidad con el cinismo. Y, mientras tanto, los ciudadanos desconocen totalmente cuál ha sido su trabajo edilicio.
El “saco”, a quien se lo ponga. Va.