Nayar Araiza López

Docente Universitario y Columnista de Prensa

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La primaria que sí educaba en los 60s y 70s

Comentarios de la Bahía
Por Nayar Araiza López

*Nostalgia, disciplina y memoria de una escuela que formó carácter antes que discursos

*Recuerdos de mi primaria José María Morelos en Tuxpan

(Reproducción: éstas líneas ya las había publicado en 2019, pero me llegan nuevamente a la reflexión por la locura y escándalo del tal «Marx Arriaga» un loquito que modificó a su antojo los extraordinarios libros de texto del pasado, a capricho del expresidente Andrés Manuel López Obrador, pero que ya colmó la paciencia de la actual mandataria Claudia Sheinbaum, que finalmente lo corrió).

Me llegó la nostalgia. Y con ella, el recuerdo entrañable de mis amadas Maestras de la querida escuela primaria José María Morelos, en Tuxpan, Nayarit, la Seños Lupe Mocayo, Tacha Salas, Hilda de la Torre y Emilia Estrada. Mujeres que educaron, y muy bien, sin necesidad de polémicas “reformas” educativas, de esas que se aprueban y se derogan al vaivén de las ocurrencias y las modas del gobierno federal en turno.

Era una época en la que no se abandonaba el aula por reuniones sindicales en días de clase, ni existían los tediosos Consejos Técnicos Escolares. No había ausentismo por cualquier motivo, ni comités “quisquillosos” de padres de familia “metiches” que pretendieran decirle a los profesores cómo hacer su trabajo, como si fueran especialistas educativos. Tampoco se “clavaban” lo de la tiendita, ni abundaban directores flojonazos, que ahora son más políticos que educadores.

Todas ellas, mis «Seños», así les decíamos entonces a las maestras, trabajaron al puro estilo antiguo, o al “modelo paradigmático del pasado”, como dirían hoy los pedagogos modernos. Y aunque les duela o no estén de acuerdo algunos», creo que era mejor que el sistema de ahora, impulsado por la mal llamada «4 T».

Mis profesoras de la Escuela Morelos fueron maestras auténticas, de “tiempo completo”, como les llaman hoy, que sin los salarios actuales, sin capacitaciones de simulación, sin maestrías ni doctorados, nos enseñaron a leer y escribir, y muy bien, a escribir sin tantas faltas de ortografía, a sacar cuentas.

Recuerdo aquellas sesiones permanentes de geografía y cartografía, con libros “gordotes” que había que leer y aprender. Las capitales de México y del mundo, los océanos, ríos, montañas y cordilleras; la flora y la fauna de aquí y de allá.

El español, con maratónicos ejercicios de oraciones con sujeto, verbo y predicado; los adjetivos, sinónimos y antónimos; «el gerundio», las poesías corales, hasta versos había que hacer, eran búsquedas diarias de palabras en el diccionario o en la enciclopedia, lo que estimulaba la investigación.

Y las matemáticas, cómo olvidarlas. Las propiedades de los números, los “pinches” quebrados, las fracciones y divisiones, que indiscutiblemente me hicieron sufrir, los “malditos” porcentajes.

La historia de México. “Dios guarde” que un chiquillo confundiera a los héroes de la Patria con los de la Revolución Mexicana, o que se le olvidara quiénes eran liberales y conservadores en tiempos de Juárez. La Reforma. (Ahora hasta los ponen de moda y muchos alegadores ni saben de qué hablan). Peor aún, no saberse los nombres de los Niños Héroes o el Himno Nacional o el Juramento a la Bandera, si te tocaban los honores los Lunes.

En esos años se hacía investigación pura y verdadera. Ya desde entonces. Hoy ni los bachilleres ni los universitarios agarran un diccionario o un libro. Teníamos que comprender e indagar las causas de la Independencia, la Revolución Mexicana, la expropiación petrolera, la Revolución Francesa, la separatista norteamericana, las guerras mundiales, todo a puro leer libros. Ni de chiste había internet, computadoras, proyectores, celulares o tabletas.

Todo lo investigado debía escribirse a mano, en libretas, en cartulinas para exponer. Qué esperanzas de que existiera el Google o Wikipedia, de donde ahora copian todo sin leer ni investigar absolutamente nada. Copiar y pegar es lo de hoy, más con la Inteligencia Artificial, ya nadie procesa en su pensamiento absolutamente nada.

Y si un chamaco no hacía la tarea o copiaba, no salía al recreo. Si otro hacía bullying, como le llaman ahora, había regañada de rigor, reglazo, desgreñón y jalón de orejas. Las madres no corrían a Derechos Humanos ni “echaban al periódico” a las maestras; hoy todo se ventila en las redes sociales, el «Feis» y grupos de WhatsApp. A los flojos se les imponía el doble de tarea como castigo. Si tenía faltas de ortografía, planas completas o al pizarrón a reescribirlas.

Entrábamos a las ocho y salíamos a las dos. Siempre había que ir bañado, con el pelo corto y llegar puntual, so pena de castigos rigurosos que, nos guste o no, consolidaban la disciplina. Indiscutiblemente, fue una mejor educación primaria que la que se imparte hoy. Lo creo firmemente. Marcó a cientos de egresados de la escuela José María Morelos de Tuxpan, en los años sesenta, setenta y ochentas, que fue la base sólida de nuestra formación académica.

Tristemente, la realidad actual es otra, niños que llegan a la secundaria sin saber leer ni escribir, sin comprender las operaciones básicas de las matemáticas y, lo peor, con muy pocos valores, esos que se deben inculcar primero en casa.

En la actualidad, cuando la educación se ha convertido en campo de batalla ideológica, en experimento de escritorio y en botín político, vale la pena volver la mirada a esa primaria del pasado que ue sí educaba, no para idealizar el pasado o ideologizar a los niños, sino para recordar que formar carácter, pensamiento crítico y disciplina nunca fue un delito ni una nostalgia inútil.

Aquella escuela no necesitó ocurrencias ni discursos ideológicos que si neoliberales o conservadores para cumplir su misión, enseñar. Tal vez por eso duele comparar, tal vez por eso incomoda decirlo.

Porque mientras algunos juegan a reinventar la educación desde la ignorancia, miles de maestros y maestras del ayer, sin reflectores ni aplausos, hicieron su trabajo y lo hicieron bien. Y ahí está la diferencia, antes se educaba para la vida; hoy, lamentablemente, muchas veces sólo se improvisa a capricho de ignorantes ideologizados que llegan al gobierno a controlar la SEP. Va.

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