Nayar Araiza López

Docente Universitario y Columnista de Prensa

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Plumazo: Plurinominales, entre el mito y la manipulación

Plumazo

Por Nayar Araiza López

Plurinominales, entre el mito y la manipulación

*La representación proporcional no es el problema, el abuso partidista sí

La discusión sobre los regidores en municipios y legisladores, tanto federales como estatales, que llegan por la vía de representación proporcional suele estar plagada de mitos. El más extendido es que equivocadamente se catalogan de que “son de regalo”. Falso. Las posiciones plurinominales representan, precisamente, la proporción de votos que obtiene cada partido. No aparecen por arte de magia, ya que en cada elección, al reverso de la boleta existe un listado de nombres, y al votar por un partido también se vota por quienes integran esa lista.

Eliminar esta figura sería mutilar la democracia. Sin ella, millones de personas que votan por un partido cuyos candidatos no ganan en las urnas se quedarían sin representación. La lógica es sencilla, si la democracia es plural, el Congreso también debe serlo. En teoría, estas posiciones deberían ser ocupadas por ciudadanos honorables, preparados y con vocación de servicio. En la práctica, ya sabemos que esa teoría se tuerce con frecuencia. No se cumple.

Hay ejemplos que muestran cómo podría funcionar mejor, por mencionar solo un caso, en Jalisco, la Ley Electoral asigna el primer lugar de la lista plurinominal a quien ocupó la candidatura a la Presidencia Municipal. Esa regla debería replicarse en todos los Estados, puesto que fortalece la responsabilidad política y evita que las listas se conviertan en botín, además de motivar la participación.

La reforma electoral, tan discutida y tan poco comprendida, no debería orientarse a desaparecer las plurinominales, sino a perfeccionar su asignación. El verdadero problema no es la representación proporcional, sino la sobrerrepresentación que algunos partidos fabrican mediante sus satélites, prestándose membretes para inflar curules. A eso se suma otra práctica desleal, en donde los dueños de los partidos que colocan a familiares y allegados en las listas, desplazando a militantes, activistas y perfiles preparados que sí podrían aportar a la normativa municipal y a la legislación estatal y nacional.

La democracia no se fortalece eliminando contrapesos, sino corrigiendo los abusos. Ese es el debate que casi nadie quiere dar. La representación proporcional no es el problema, el abuso partidista sí. Va.

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